¿Qué hicimos?

El aeropuerto de Treviso es pequeño por lo que salir de él fue fácil y justo en la puerta nos esperaba el autobús que teníamos contratado para llevarnos hasta Venecia, solo una hora de viaje ya que tenía que hacer también una parada en Mestre. A las 16 horas nuestro bus paraba en Piazzle Roma, (junto al puente de Calatrava). ¡Estábamos en Venecia! Nos esperaba nuestra anfitriona de HomeExchange en casa, en uno de los barrios donde viven los venecianos, barrio de Dorsoduro, nos enseñó nuestra habitación y nuestro baño, dejamos nuestra mochilas y nos dio indicaciones para poder ir a comer a pesar de las horas que eran. El primer restaurante, en el Gran Canal, estaba ya cerrando así que finalmente optamos por comer en la terraza de una pequeña pizzería junto a un canal, Ristorante Al Rio Novo, en el que nos atendieron muy amablemente, la comida muy buena, la ubicación y las vistas espectaculares y con un precio excelente. Ya con el estómago lleno decidimos pasear tranquilamente para ir ubicándonos. Entramos a algunas iglesias, cruzamos decenas de puentes y finalmente y ya de noche llegamos al Puente Rialto, y agradecimos que ya fuera de noche porque mucha gente ya se había ido de la ciudad y teníamos prácticamente el puente para nosotros. Seguimos caminando y llegamos a la Plaza de San Marcos casi vacía, el Campanile, el Palacio Ducal, todo prácticamente para nosotros solos, ¡una gozada!
Eran ya las 9 de la noche, estábamos muy cansados, así de decidimos dar por concluido el día y nos dirigimos hasta el Gran Canal para tomar el vaporeo que nos dejaba tras dos paradas a 700 metros de nuestra casa. Había sido un día muy largo y muy intenso y al día siguiente tocaba madrugar.

DÍA 1 – Llegada accidentada a Venecia. A las tres en punto de la madrugada salíamos de casa en dirección al Aeropuerto de Manises, (Valencia). Queríamos llegar pronto al parking de la terminal y así fue, a las 5 AM aparcábamos. Pasamos el control de equipajes y nos dirigimos hasta la puerta 10 que Ryanair ya nos había comunicado a través de su App que iba a ser nuestra puerta de embarque. Puntual se abrió el embarque y 8 minutos antes de la hora prevista para la salida, (6`45h), estábamos ya todos sentados. El comandante nos avisó que había surgido un pequeño problema técnico y que eso nos haría retrasar la salida unos 30 minutos, como así fue, y a las siete y cuarto despegaba nuestro avión. Pasados unos 30 minutos empezamos a darnos cuenta de que volábamos en círculo, el pasaje empezó a preocuparse y a preguntar a la tripulación y al cabo de una hora de vuelo el comandante nos confirmó el que el avión tenía un problema técnico con el balanceo del combustible y que por tanto tocaba volver a Valencia pero que debía seguir volando al menos 30 minutos más, (incluso con el tren de aterrizaje abajo), para consumir combustible y poder aterrizar con seguridad. Por fin, a las 9 de la mañana volvíamos a tocar tierra en Manises. Estuvimos 45 minutos dentro del avión antes de que decidieran desembarcarnos y llevarnos a la terminal ya que iban a cambiarnos de avión. A las 11 de la mañana nos comunican que el vuelo saldrá a las 12’55h y nos dan la puerta de embarque, puerta 6. Iniciada la cola para volver a embarcar nos cambian de puerta, ahora a la puerta 7, y vuelta a empezar. Parecía que por ser viernes 13 todo iba a salir mal. Por fin el avión despegó, y esta vez si, tras 2 hora de vuelo aterrizábamos en el aeropuerto de Venecia Treviso. Eran las 3 de la tarde y deberíamos haber llegado a las 9 de la mañana.
DÍA 2 – Murano y Burano
No hizo falta despertador, la luz del sol que entraba por la ventana fue suficiente para despertarnos, eran las 8 de la mañana y habíamos dormido 10 u 11 horas. No llovía, pese a las previsiones de lluvia y eso nos animó a salir pronto de casa, buscar dónde desayunar y de ahí dirigirnos hasta el embarcadero del vaporetto, (unos 12 minutos andando), que nos tenía que llevar primero a la isla de Murano y después a la de Burano. La salida desde Venecia hacia Burano fue espectacular, muchísimo tráfico en los canales, muchísima gente en las calles y un sol espléndido que nos hacía ver Venecia en todo su esplendor. Poco más de una hora después bajábamos en el faro de Murano y dado que no teníamos una hora fija para acceder a la fábrica de cristal decidimos pasear tranquilamente por las calles de la isla. Una isla dedicada por completo al cristal, repleta de tiendas de souvenirs, restaurantes y tiendas especializadas en el cristal de Murano. Poco a poco fuimos caminando, entrando en tiendas, viendo escaparates, contemplando los canales de la isla y finalmente llegamos a la fábrica de cristal. Una pequeña cola de apenas 10 minutos y pudimos acceder al interior del taller. Nos dieron una pequeña charla de lo que íbamos a ver, (en inglés), y empezó la demostración del maestro del vidrio en la que pudimos ver en vivo y en directo cómo hizo un jarrón y después, de una pequeña bola de vidrio incandescente un maravilloso caballo de vivos colores. Desde luego es una visita totalmente recomendable. Una vez fuera de la fábrica encontramos otra fábrica en la que la demostración era gratuita, y a la que por supuesto entramos. A la salida, nos fuimos dirigiendo poco a poco hasta el faro para tomar el barco que nos tenía que llevar a la isla de Burano. Solo 15 minutos de travesía y desembarcábamos en una pequeña isla, repleta de casas de colores. Lo primero que hicimos fue buscar un restaurante en el que comer puesto que ya eran las dos de la tarde y lo encontramos, la Osteria ae Bandiere, un pequeño restaurante al borde de un canal, con 4 mesas fuera en la terraza y otras 4 mesas en su interior y dado que el sol había sido sustituido por las nubes y la temperatura había bajado decidimos comer dentro. Una ensalada de queso burrata, un poco de polenta con bacalao y unos espaguetis con almejas. Todo delicioso. De postre nos recomendó algo típico de la isla, un licor caliente de manzana en el que se mojaban unas pastas de anís. Después de comer dimos una vuelta por el centro de Burano y finalmente nos fuimos hasta el embarcadero ya que nos esperaba más de una hora de viaje para regresar a Venecia.
Una vez de vuelta estuvimos paseando entre canales y puentes, decidimos probar el famoso helado de pistacho, vimos palacios enormes con las luces encendidas y algunas personas vestidas de carnaval que accedían, con sus máscaras a fiestas privadas. ¡Nos quedamos embobados mirando! También fuimos hasta la Librería Aqua Alta pero a punto de entrar nos comunicaron que ya solo estaba abierta la librería para la compra de libros y no se podía acceder hasta la escalera de libros con vistas al canal. Así que decidimos volver al día siguiente.
Poco a poco la noche fue cayendo y nos fuimos yendo hacia el restaurante que el día anterior nos había recomendado nuestra anfitriona, lejos de las zonas más turísticas y acertamos, (Ristorante Oke Zattere Venezia). Como no, más pasta y más pizza acompañado todo esto de un buen Aperol Spritz, (que curiosamente resulta 2.-€ más económico que la cerveza). Terminada la cena de nuevo al vaporetto y de vuelta a nuestra casa de intercambio. Hora de dormir.
DÍA 3 – Venecia
Este iba a ser nuestro día más intenso en Venecia. Nos levantamos pronto, desayunamos y lo primero que hicimos fue ir hasta la Librería Aqua Alta. Realmente una librería curiosa, también bonita por eso mismo, por su «rareza», con toda temática de libros y en muchos idiomas, con libros expuestos sobre góndolas, con puerta abierta al canal con una góndola atracada en la misma puerta y con la curiosidad de poder subir a una pila de libros que en su día resultaron mojados por la crecida de la marea y decidieron dejarlos tal cual. En algunos sitios decían que era la librería más bonita del mundo pero, para nuestro gusto, después de haber visitado otras librerías nos nos lo pareció. Por ejemplo la Librería de Shakespeare en París o la Librería Lello en Oporto nos parecieron mucho más bonitas. De ahí nos encaminamos hacia la Plaza de San Marcos, al llegar, aparte de hacer fotos y grabar vídeos lo que hicimos fue comprar las entradas para poder subir al Campanile. En su cima se tienen las mejores vistas de toda Venecia, merece la pena subir, y además ese día solo era posible el acceso en ascensor aunque también es posible, cuando lo permiten, subir por las escaleras. Después quisimos acceder a la Basílica de San Marcos pero las entradas estaban agotadas, (consejo: debéis comprar las entradas con antelación ya que se agotan fácilmente), eso sí, llevad cuidado con las gaviotas y con las palomas, una de ellas tuvo a bien dejarme su regalo en mi cabeza. Dado que no podíamos visitar la Basílica tuvimos la genial idea de ir a conocer el Gran Teatro de La Fenice, (12.-€ la entrada con audioguía, y no se puede comprar con antelación, se compra en el mismo teatro), y posiblemente fue la mejor idea que pudimos tener. Este teatro que data de 1792, (reconstruido en 2 ocasiones tras sendos incendios en 1836 y 1996 que lo destruyeron casi por completo), nos resultó tan espectacular que no sabíamos dónde mirar, qué fotografíar, qué grabar o dónde sentarnos en el patio de butacas para poder contemplarlo en detalle y no perdernos nada. Posiblemente la mejor visita de la isla y que no demasiada gente hace. Llegamos incluso a tomarnos un Aperol con cava en la misma cafetería del teatro, no podíamos dejar pasar la oportunidad.
Fuera ya del teatro, y ya se nos iba acabando el tiempo, nos fuimos hasta el Palacio Ducal y al Puente de los Suspiros, (seguramente era lo más típico que nos quedaba por ver), solo teníamos ya tiempo para comer, (pasta, por supuesto), recoger nuestras mochilas y tomar el autobús de vuelta hasta el aeropuerto de Treviso.
A las nueve de la noche tomábamos tierra en Valencia y poco antes de las 12PM estábamos ya en casa.
El retraso de 6 horas del primer día nos hizo perder toda una mañana para conocer mejor Venecia e incluso para haber tenido tiempo suficiente para poder dar, a lo mejor, un paseo en góndola, (90.-€ durante el día y 110.-€ por la noche). Debemos decir que interpusimos una reclamación el la página de Ryanair el jueves 19 de marzo sobre las 11 de la mañana y a las 8 de la tarde teníamos contestación de la compañía aérea confirmando que efectivamente nos correspondía una indemnización de 250.-€ por pasajero, con lo que, al menos, el retraso no fue en balde.
Solo una cosa más, cuidado con los precios del vaporetto para desplazaros por Venecia. Desde luego algo tuvimos que hacer mal porque las tres veces que lo tomamos nos cobraron el máximo, 19.-€ en dos ocasiones y 24.-€ en otra, por lo que recomendamos que compréis el abono de transporte público que seguro resultará más económico.
Al final Venecia es un lugar que merece muchísimo la pena, que hay que visitar si o si en algún momento y que, tal y como hicimos nosotros, merece ser visitada con calma, practicando un turismo consciente y sostenible, contemplando sus palacios, sus canales, sus monumentos, disfrutando de su gastronomía, viendo como despierta por las mañana y como recupera su calma cuando se pone el sol, entendiendo su modo de vida e intentando no ser un turista más sino ser un veneciano más en la medida de lo posible sin interferir en sus quehaceres diarios.

Aquí tienes también nuestra visita a este fantástico lugar en formato Podcast. Solo tienes que darle al «Play» y escucharlo tranquilamente mientras viajas en el sofá.
(Nota de transparencia: Este audio ha sido creado con IA para mejorar la accesibilidad).
Recomendaciones :
- HomeExchange.
- Traslados Aeropuerto Treviso – Venecia – Aeropuerto de Treviso.
- Librería Acqua Alta.
- Basílica de San Marcos. / (Ticket de entrada).
- Plaza de San Marcos.
- Campanile. / (Ticket de entrada).
- Palacio Ducal. / (Ticket de entrada).
- Puente de los Suspiros.
- Puente de Rialto.
- Puente de Calatrava.
- Gran Teatro de la Fenice. / (Ticket de entrada).
- Gran Canal.
- Islas de Murano de y Burano. / (Ticket de entrada a fábrica de cristal de Murano).
- Ristorante Al Rio Novo.
- Osteria ae Bandiere.
- Ristorante Oke Zattere.
Aquí tienes también nuestra visita a este fantástico lugar en formato Podcast. Solo tienes que darle al «Play» y escucharlo tranquilamente mientras viajas en el sofá.
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