Guía completa para conocer Morella y Ares del Maestrat

¿Qué hicimos?

DÍA 1 / Inicio del viaje y llegada a Morella.

Último fin de semana de 2025 y último viaje del año. Ya que habíamos pasado un poco de frío en nuestro anterior viaje decidimos acabar el año igual, con frío, y nos fuimos a Morella y a Ares del Maestrat, (Castellón). Dos sitios preciosos, de montaña y con frío, y en los que además nos llovió en cantidad, lo que por otro lado nos permitió ir a nuestro aire y sin ninguna aglomeración.
Llegamos a Morella un poquito antes de las dos de la tarde, nos dieron las llaves de nuestra habitación en el Hotel El Cid salimos a la aventura de encontrar un sitio dónde comer ya que en Morella el viernes 26 de diciembre era festivo local y prácticamente todo estaba cerrado. Al final encontramos un bar en el que nos dijeron que nos podían atender sin reserva y allí que nos sentamos, el Bar Xuso, un poco de cecina, jamón serrano, queso, unas croquetas morellanas y unas patatas bravas. Terminada la comida salimos en busca de un lugar dónde tomar un dulce y un café pero se convirtió en una misión imposible, así que decidimos ir al hotel a descansar.

Descansados y habiendo ya oscurecido nos fuimos a conocer Morella de noche y con las luces de Navidad en marcha. Realmente luces de navidad hay en la calle principal, en la plaza de detrás de la iglesia y poco más, así que recorrimos el pueblo tranquilamente, reconociendo los lugares para poderlos visitar el día siguiente.
A la hora de cenar nos fuimos a «picar» algo al Rincón de la Judería, un bar de tapa típicas, en una callejuela del barrio judío en el que tomamos taqueños, cerveza, más croquetas morellanas y torreznos, y ya con el estómago lleno nos marchamos al hotel para descansar.

DÍA 2 / Conocer Morella de manera pausada.

Mientras nos levantamos, el aseo, bajar a desayunar y salir del hotel se nos hicieron las diez de la mañana. Lo primero fue ir hasta la Oficina de Turismo de Morella, allí compramos el bono turístico que por 11.-€ por persona nos permitía entrar a las torres de Sant Miquel, la Basílica de Santa Maria la Mayor, el Museo Temps de Dinosaures, el Castillo y la Prisión medieval. Todos estos lugares abrían sus puertas a las 11 de la mañana excepto las Torres de Sant Miquel, así que fue lo primero que visitamos, estas torres son dos torres gemelas octogonales del siglo XV con un puente de enlace por el que se puede pasar de una a otra y que además permiten recorrer parte de la muralla.
De ahí nos encaminamos al Castillo, una fortaleza militar situada en lo alto de un peñasco a 1072 metros de altura y que ha sido testigo del paso de numerosas civilizaciones y testigo también de innumerables guerras, de hecho su última ocupación fue durante la Guerra Civil Española. Hay que destacar que para acceder al castillo, aparte de presentar el bono o comprar la entrada en la taquilla, hay que pasar por la plaza de toros que está ubicada dentro del mismo recinto que el castillo. El castillo destaca sobre todo, aparte de por su extensión, por el número de estancias visitables y las espectaculares vistas, sobre todo desde la plaza de armas, en la que además se sitúa un aljibe que a día de hoy sigue recogiendo y almacenando agua.
Terminada la visita nos encaminamos hacia la Basílica de Santa Maria la Mayor, un templo de estilo gótico en el que destacan tanto la puerta de los Apóstoles y la puerta de las Vírgenes, pero sobre todo, en el interior el coro con su singular escala, el altar mayor de estilo Gótico-Churrigueresco y el órgano, considerado el más importante de la Comunidad Valenciana. Dentro de la misma basílica se encuentra también el Museo Arciprestal.
Antes de ir a comer todavía tuvimos tiempo de entrar en la antigua Prisión de Morella, (una de las tres que tuvo la ciudad), y que funcionó como prisión desde la época medieval hasta finales de los años 60, (resulta difícil imaginar, en pleno siglo XX, esta prisión en funcionamiento).
Eran ya las dos de la tarde y era hora de comer. Habíamos reservado en el Gastro Bar La Sastrería, un pequeño local con muy buenas reseñas en internet las cuales no nos engañaron. Buena cocina y a un precio razonable. Un carpacio de cecina, unas croquetas de jamón con Ali-oli negro, unas bravas con salsa romesco y un solomillo para compartir, todo esto regado con un vino de la zona.
Dado que volvía a estar todo cerrado y hasta las 16’30h no volvían a abrir decidimos descansar un poco. De vuelta a la calle entramos en el Ayuntamiento en el que se encuentra el Museo Sexennal, (cerrado ahora temporalmente), en el que se da a conocer las fiestas más importantes de Morella, el Sexenni, aunque sí que pudimos contemplar los gigantes de más de 4 metros expuestos en el zaguán.
De ahí nos fuimos, paseando por las calles y escalinatas hasta el Museo Temps de Dinosaures que recoge restos arqueológicos encontrados en Morella, alguno de ellos de una especie única de la zona.
Un paseo por la calle Blasco de Alagón, calle principal de la ciudad y calle en la que cada domingo se sitúa el mercado desde época medieval, alguna compra que otra, como por ejemplo el dulce típico de la ciudad, los «Flaons», que tiene su origen en la época árabe y consiste en una masa aromatizada con aguardiente y un relleno de requesón y almendras, ¡buenísimo!
Habíamos comido mucho, habíamos merendado mucho dulce y ya no cabía nada más en el cuerpo, así que tocaba retirarse hasta el día siguiente.

DÍA 3 / Vuelta a casa, pero antes una parada en Ares del Maestrat.

Domingo. Habíamos dejado las maletas preparadas la noche anterior, así que después de desayunar hicimos el check-out, sacamos el coche del parking del hotel y pusimos rumbo a Ares del Maestrat, un pequeño pueblo situado a 32 kilómetros de Morella, a 1.190 metros de altitud y que en la actualidad tiene censados 170 habitantes aunque solo 60 residen durante todo el año en el pueblo. Lo primero que hicimos al llegar fue ir hasta la Oficina de Turismo. Allí, aparte de recoger información nos dieron la oportunidad de conocer el pueblo y sus lugares más importantes en una visita guiada a partir de las 12 del mediodía que por supuesto aceptamos, (coste de 2.-€/persona). Hay que decir que este pequeño pueblo ha sido siempre un lugar estratégico y escenario de diferentes culturas, desde los asentamientos prehistóricos, hasta ser el primer pueblo de la Comunitat Valenciana conquistado por Jaume I El Conqueridor en diciembre del año 1232. Íberos, romanos y musulmanes dejaron su huella en este precioso y acogedor pueblo. Antes de la visita guiada decidimos darnos un paseo por nuestra cuenta y tuvimos la oportunidad de subir al castillo, (o lo poco que queda de él), situado encima de una roca y a una altura de 1232 metros, (nos dijo la guía que en días despejados, sin brumas ni calima, desde lo alto se divisa el mar Mediterráneo, que queda relativamente cerca, pero que incluso es posible divisar los Pirineos).
A las 12 en punto estábamos en la plaza del pueblo e iniciábamos el recorrido. Un poco de historia de Ares y de ahí a lo que queda de las murallas y del lugar en el que se celebraba el mercado y en el que todavía, a día de hoy, se encuentra la «picota». Luego pasamos a ver la prisión medieval y sus dos estancias y cruzamos la plaza para entrar en la Iglesia Parroquial de la Asunción, una iglesia del siglo XVIII que en la diversas guerras fue destruida y desmantelada y reconstruida posteriormente, y que en la actualidad tiene como característica que la propia iglesia es más alta que su campanario. De ahí, tras un pequeño paseo fuimos hasta el Museo de la Cova. Un museo que recoge toda la historia de la localidad, que atraviesa la montaña de parte a parte, que en su día fue la herrería del castillo y que en la actualidad, aparte de museo, se utiliza como sala multiusos, presentaciones de libros, exposiciones e incluso se ofician bodas civiles. Después nuestra guía, observando el imponente paisaje desde uno de los miradores, nos explicó la situación de los distintos molinos que aprovechaban el curso del río y su desnivel para poder funcionar. Uno de ellos, todavía se pone en funcionamiento en alguna ocasión especial para demostraciones si las balsas contienen suficiente agua y también nos comentó que el producto estrella de la zona es la trufa negra y que en la actualidad se plantan árboles que ya llevan el hongo de la trufa para que cuando crezcan la trufa se produzca en mayor cantidad. Un paseo por la parte baja del pueblo que durante la Guerra Civil Española fue destruido por los aviones alemanes y de nuevo llegábamos a la plaza en la que se daba por concluida la visita. Merece la pena hacer este tour guiado, de verdad.
Era hora de ir volviendo para casa, pero antes había que comer así que paramos en el Restaurante Venta El Maestrazgo. Habíamos localizado este lugar a la ida, donde paramos para tomar algo antes de llegar a nuestro destino, y nos dio tan buena impresión que decidimos comer aquí a la vuelta. Unos entrantes y, como no, carne y embutido a la brasa. Muy muy rico.
Ya de vuelta nos topamos con las lluvias intensas a la altura de Valencia, (de hecho nos sonó en dos ocasiones la alarma en los teléfonos móviles por la alerta roja), y despacito y con mucha precaución llegamos a nuestra casa sanos y salvos.

Recomendaciones :

  • Morella.
  • Hotel El Cid.
  • Oficina de Turismo de Morella.
  • Museo Temps de Dinosaures.
  • Castillo de Morella.
  • Basílica de Santa Maria la Mayor.
  • Prisión medieval de Morella.
  • Gastro Bar La Sastería.
  • Barrio judío.
  • Ares del Maestrat.
  • Oficina de Turismo de Ares del Maestrat.
  • Castillo de Ares del Maestrat.
  • Museo de La cova.
  • Ruta de los molinos de Ares.
  • Iglesia Parroquial de La Asunción de Ares del Maestrat.
  • Restaurante Venta El Maestrazgo.
  • Pinturas rupestres en Morella la Vella.
  • Jardín de los poetas.
  • Acueducto.
  • Torres y murallas.

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